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Láser prostático

La hiperplasia benigna de próstata (HBP) es una patología frecuente del envejecimiento del varón. Puede dar síntomas obstructivos, ya que por medio de la misma, pasa el conducto urinario (uretra). Los síntomas típicos son la disminución de la fuerza del chorro, levantarse varias veces por la noche para orinar, urgencia miccional, ect.

Se suelen tratar con tratamiento médico, pero aquellos casos que no responden, la opción quirúrgica es una técnica de elección, esta técnica se basa en «vaciar» la próstata, para conseguir un buen paso de la orina desde la vejiga al exterior y se realiza por resección clásica o bien por técnica con láser. El láser lo que hace es aumentar la temperatura de la célula prostática y vaporizarla con lo cual se destruye sin sangrado asociado.

Las ventajas del láser es la precisión, con lo cual reduce posibles complicaciones como la incontinencia de orina, y la prácticamente ausencia de sangrado durante la cirugía. Gracias a todo ello, se produce la retirada precoz de la sonda vesical (generalmente al día siguiente de la operación) y por tanto recuperación de la vida activa de una forma temprana.

Cirugía de la litiasis vesical

Los litos, cálculos o piedras de la vejiga se forman cuando existe un trastorno de su vaciamento con la consecuente sedimentación de la orina, usualmente asociado al crecimiento benigno de la próstata (HBP), a trastornos de la contractilidad de la vejiga (vejiga neurógena) o infecciones urinarias a repetición. También pueden migrar desde el riñón en contexto de un cólico nefrítico.

Su sintomatología es predominantemente irritativa dada por escozor al orinar (disuria), dolor al orinar (estranguria) y sangre en la orina (hematuria). En ocasiones la piedra puede llegar a obstruir la uretra con la imposibilidad de orinar (retención aguada de orina).

Si el tamaño de la piedra no es muy grande y se plantea realizar en el mismo acto quirúrgico una cirugía desobstructiva de la próstata por vía endoscópica (Resección Transuretral, Fotovaporización Prostática con láser), se realiza la destrucción de la piedra con láser Holmium u ondas de choque neumáticas, mecánicas, electrohidráulicas o ultrasónicas (litotricia vesical endoscópica), que permiten triturarla hasta que los fragmentos sean lo suficientemente pequeños para extraerlos por el cistoscopio o que sean expulsados por el paciente.

Resseción TransUretral (RTU) de Próstata

La RTUp se empezó a realizar desde los años 30 y en los últimos 40 años se ha convertido en la opción terapéutica habitual para el tratamiento de la obstrucción infravesical de origen prostático que no responde a tratamientos farmacológicos, mejorando la sintomatología (dificultad para vaciar la vejiga, infecciones urinarias frecuentes, sangrado en la orina, piedras en la vejiga, micción lenta y entrecortada e insuficiencia renal) y calidad de vida en los pacientes que se operan.

Consiste en extirpar la parte interna de la glándula prostática bajo anestesia general o epidural utilizando un resectoscopio para entrar en la vejiga a través de la uretra. Se reseca la próstata por medio de un asa que funciona a base de corriente eléctrica de alta frecuencia para cortar el tejido prostático en pequeños fragmentos que posteriormente se extraen y una cámara que nos permite ver una imagen de gran calidad en un monitor.

Después de la operación se coloca una sonda en la vejiga para drenar la orina así como para realizar un lavado continuo de ésta y de la uretra con una solución estéril, con el objetivo de prevenir la formación de coágulos. Necesitará llevar esta sonda entre 1 y 3 días hasta que cicatrice la herida y pueda orinar por sí mismo.

Resseción TransUretral (RTU) de tumores de Vejiga

Para tumores en etapas tempranas o no músculo-invasivos (superficiales), la resección transuretral (RTU) es el tratamiento más común y eficaz.Se realiza por vía endoscópica colocando un tipo de cistoscopio rígido (resectoscopio) en la vejiga a través de la uretra y que tiene un asa de alambre en su punta para extirpar cualquier tumor o tejido sospechoso. El tejido que se extrae se envía a anatomía patológica para un diagnóstico definitivo.

Después de la operación se coloca una sonda en la vejiga para drenar la orina mediante un lavado continuo con una solución estéril, con el objetivo de prevenir la formación de coágulos. El postoperatorio normal es de 3 a 5 días tras lo cual se retirará la sonda vesical para que pueda orinar por sí mismo.

Sus efectos secundarios son generalmente leves y principalmente son hematuria (orina con sangre) y disuria (escozor al orinar).

Ureterorrenoscopia quirúrgica y Litotricia Endoureteral

Es el tratamiento de elección para las piedras (litiasis) situadas en el tercio inferior del uréter (conducto que va desde el riñón a la vejiga).

Consiste en, sin heridas externas, introducir una cámara a traves de los conductos urinarios (uretra y uréter) hasta la localización de la litiasis para poder realizar la rotura o extracción de la misma (litotricia o litofragmentación). Posteriormente, se suele dejar un catéter ureteral interno, para evitar dolor por la inflamación y manipulación de los conductos, que será retirado en varios días posteriores.

Colocación de Catéter ureteral Doble J

Un catéter ureteral tipo doble J (o pig tail) es una estructura sintética alargada y tubular (como una manguera), no reabsorbible, que se coloca por un procedimiento en quirófano dentro del uréter, comunicando así el riñón con la vejiga. el nombre doble J se debe a la forma curva que tiene los dos extremos que evitan el desplazamiento del catéter una vez colocado.

Existen distintas situaciones que requieren la colocación de un catéter ureteral doble J. La causa mas común son las litiasis renales, que han descendido hasta el uréter obstruyendo el paso de la orina hasta la vejiga, lo cual produce el conocido cólico renal. Si dicha obstrucción condiciona una infección urinaria, se requiere la colocación urgente del catéter. A su vez si no se produce infección, pero la litiasis es de un tamaño considerable y produce una obstrucción que provoca un fallo renal, se requiere la colocación de un catéter doble J tanto para desobstruir como para dar tiempo para realizar una litotricia extra corpórea con ondas de choque, o una extracción directa de la litiasis por ureterorenoscopia de forma programada.

Existen otras situaciones menos comunes que requieren la colocación del catéter doble J como: estenosis de la unión pieloureteral, compresiones externas al uréter o fibrosis retroperitoneal y excepcionalmente tumores compresivos, tanto internos como externos al uréter, aunque en estos casos la derivación se suele realizar por una nefrostomía directa en el riñón.

La colocación del catéter se realiza en quirófano, con sedación o anestesia general. El urólogo introduce por la uretra un instrumento llamado cistoscopio, que mediante una cámara permite entrar hasta la vejiga y encontrar el meato uretral, es decir la desembocadura del uréter en la vejiga. El cistoscopio además de la cámara tiene canales que permiten introducir distintos elementos de trabajo, permitiendo entonces el ascenso de una guía por el uréter, que va a permitir subir el catéter doble J hasta poder colocar un extremo en el riñón y otro en la vejiga, permitiendo así el drenaje la orina.

Una vez realizado el procedimiento la estancia hospitalaria dependerá del motivo por el cual se colocó el catéter, siendo lógicamente distinta la situación si fue de urgencias o de forma electiva.

Cistoscopia y biopsias vesicales

La cistoscopia es un procedimiento habitual para el urólogo. Se utiliza para observar directamente el interior de la vejiga, permitiendo también ver la uretra y el interior de la próstata.

Es una técnica muy utilizada para la evaluación vesical en pacientes con sangrado urinario (hematuria), así como para el seguimiento de los pacientes a los cuales se les ha resecado un tumor vesical. Otras indicaciones frecuentes para realización de una cistoscopia es el diagnostico en pacientes con sintomas irritativos miccionales, en los cuales se ha descartado infecciones urinarias.

Existen dos tipos de cistoscopios: uno que es rígido y metálico de forma alargada que tiene una cámara en su extremo, además de uno o dos canales que permiten el uso de pinzas o otros instrumentos. El otro tipo de cistoscopio es flexible y alargado, con una cubierta blanda de goma, muy similar al que se utiliza para realizar gastroscopias y colonoscopias, pero de un grosor mucho menor, este tiene la ventaja de ser menos agresivo por su menor diámetro y flexibilidad, pero tiene una menor capacidad de utilizar instrumentos.

El urólogo introduce cuidadosamente el cistoscopio por la uretra del paciente ayudado por la visión que aporta la cámara, hasta llegar a la vejiga. Una vez dentro se puede explorar detenidamente toda la cavidad vesical, pudiendo observar la mucosa vesical, y los meatos ureterales, buscando lesiones tumorales, áreas sangrantes, o irregulares, sospechosas de tumor u otras lesiones que no hayan sido vistas en ecografías o TAC. Además de poder evaluar la vejiga, mediante el cistoscopio se puede introducir una pequeña pinza que permite coger muestras de biopsia de la mucosa para su análisis patológico. Po el contrario si durante la cistoscopia se encuentran lesiones tumorales claras, o altamente sospechosas, el urólogo deberá cambiar el cistoscopio por un instrumento similar llamado resector con el cual se puede resecar mediante un asa eléctrica el tumor, para luego coagular el área.

Si solo se realizó una cistoscopia el paciente será dado de alta el mismo día, si además de la cistoscopia se tomaron muestras de biopsia el paciente se mantendrá un día hospitalizado para vigilar el sangrado esperado del procedimiento, en cambio si se realizó una resección de un tumor el paciente se mantendrá hospitalizado hasta comprobar que no presente sangrado.

Uretrotomía óptica endoscópica

En pacientes con síntomas micionales obstructivos, especialmente un flujo muy disminuido, en los que se ha descartado el crecimiento prostático como única causa, o pacientes que han sido sometidos a procedimientos vesicales por la uretra, que han sufrido traumatismos severos de la pelvis o el periné, y especialmente en aquellos que ya han sido tratados previamente por alguna lesión de la uretra, se deben realizar pruebas diagnosticas para comprobar si existe una estenosis uretral.

Dichas pruebas son un estudio radiográfico con contraste de la uretra llamado uretrografía y la visión directa de la luz uretral conocida como uretroscopia. Una vez confirmado que se trata de una estenosis de la uretra, la cual es mas frecuente el la zona mas cercana a la próstata la uretra bulbomebranosa, se debe plantear el tratamiento adecuado. Si esta estrechez es de una extensión corta, menor a un centímetro, única, e idealmente es la primera vez, el paciente es candidato a una uretrotomía óptica.

La urterotomía óptica se realiza en quirófano con anestesia locoregional (raquídea), con sedación o con anestesia general. El urólogo mediante un instrumento delgado y alargado llamado cistoscopio el cual posee una cámara en su extremo se introduce por la uretra hasta llegar al aérea previamente conocida de estenosis, una vez ahí, mediante una especie de estilete o cuchilla realiza un corte en la área estenosada, pudiendo comprobarse como se expande la luz, permitiendo el paso del cistoscopio hacia la vejiga.

El paciente normalmente es dado de alta al día siguiente debiendo mantener una sonda vesical unos 3-5 días.