Cáncer de vejiga

El cáncer de vejiga representa la neoplasia más frecuente del tracto urinario y es más frecuente en hombres que en mujeres.

En el momento del diagnóstico, el 75% de los tumores vesicales son superficiales o no invasivos de la capa muscular. De ellos, un 40 a 70% recidivan y un 20% progresan a infiltrantes durante el seguimiento.

El mayor factor de riesgo del cáncer de vejiga es el tabaco, asociado a causas genéticas. Existen otros agentes químicos que pueden estar asociados, así como el antecedente de radioterapia a nivel de la pelvis.

Los pacientes afectos de cáncer urotelial en cualquier parte del tracto urinario, tendrán mayor riesgo de desarrollar otro tumor (pelvis renal, uréteres, vejiga). Por esta razón, las personas que hayan tenido cáncer de vejiga necesitan un seguimiento médico rutinario estricto.

El cáncer de vejiga puede a veces detectarse en sus etapas iniciales. Su detección temprana mejora la probabilidad de que la enfermedad se pueda tratar con resultados satisfactorios.

En la mayoría de los casos, la presencia de sangre en orina (hematuria) es el primer signo de advertencia de cáncer de vejiga. Hay que tener en cuenta que la sangre en la orina no implica necesariamente la presencia de cáncer de vejiga. Con frecuencia, se debe a otras afecciones, tal como infecciones urinarias, cálculos renales o en la vejiga u otras enfermedades renales benignas.

Orinar con mayor frecuencia de lo normal también puede ser un síntoma de cáncer de vejiga. Los síntomas causados por irritación, como disuria (ardor al orinar) y urgencia (sensación de tener que orinar, pero no poder hacerlo) pueden también ser síntomas de cáncer de vejiga. Sin embargo, es más probable que estos síntomas sean también causados por una afección benigna, tal como una infección, cálculos en la vejiga, vejiga hiperactiva o una próstata agrandada.

Diagnóstico

  • Ecografía: Puede ser útil como primera prueba para determinar la presencia de un tumor de vejiga, su tamaño, número y localización.
  • Citología de orina: Se examina la orina obtenida por micción o por lavado vesical, con un microscopio para detectar células cancerosas.
  • Cistoscopia: Para este procedimiento (bajo anestesia local o sedación) se introduce en la vejiga, a través de la uretra, un tubo delgado (cistoscopio) que contiene una lente y una luz. Esto le permite al médico observar el interior de la vejiga. Si existe un área o un crecimiento anormal, se hace una biopsia para examinarla con un microscopio.
  • Urografía intravenosa (UIV): Prueba radiológica que ayuda a valorar posibles tumores del tracto urinario asociados mediante la inyección intravenosa de contraste.
  • Tomografía Computarizada: Puede proporcionar información precisa sobre el tamaño, la forma y la posición de un tumor. Además puede ayudar a identificar ganglios linfáticos agrandados que pudieran estar afectados y a proveer una buena imagen de los riñones y de la vejiga.

Tratamiento

El mejor tratamiento dependerá de las características de las células tumorales, estadío de la enfermedad, edad y estado de salud general del paciente.

Los tipos principales de tratamiento para el cáncer de vejiga son cirugía, radioterapia, terapia intravesical y quimioterapia. Dependiendo en la etapa en la que se encuentra el cáncer, se puede administrar un tipo de tratamiento solo o una combinación de alguno de ellos. La cirugía, sola o con otros tratamientos, se utiliza en más del 90% de los casos.

  • Cirugía transuretral: Para cánceres en etapas tempranas o cánceres superficiales de la vejiga, la resección transuretral (RTU) es la cirugía más común. El tejido extirpado se envía al patólogo para su análisis. Usualmente éste es el primer tratamiento, ya que aproximadamente un 70 a 80% de los pacientes tienen cáncer superficial cuando se les diagnostica por primera vez.
  • Tratamiento intravesical: En tumores no músculo-invasivos (sin afectación del músculo) tras RTU, según el tipo y grado de tumor, el urólogo puede ofrecerle varios tratamientos : BCG, Mitomicina.
  • Cistectomía: Cuando se diagnostica un cáncer infiltrante o músculo invasivo de la vejiga, puede que sea necesario extirpar la totalidad de la vejiga. Esta operación se llama cistectomía. En esta operación se extirpa todo el órgano y los ganglios linfáticos cercanos. En los hombres, también se extirpa la próstata. En las mujeres, se extirpan a menudo los ovarios, las trompas de Falopio (los conductos que conectan los ovarios con el útero), el útero (la matriz) y una pequeña porción de la vagina junto con la vejiga.
  • Cirugía reconstructiva (tras extirpación de la vejiga): Una posibilidad consiste en remover una pequeña parte del intestino y utilizarla como conducto para que la orina pase desde los riñones a través de los uréteres hasta un pequeño saco (bolsa) creado con el intestino. Este saco se conecta a la piel del abdomen mediante una abertura llamada estoma. Un ejemplo de esto es un conducto ileal, el cual se crea de una parte del intestino delgado.

Otra manera es mediante la creación de una neovejiga, un reservorio urinario hecho de una parte del intestino. Los uréteres se conectan a la neovejiga y ésta se conecta a la uretra.

Algunas veces se administra la quimioterapia antes de la cirugía. Esto se hace para tratar de reducir un tumor grande de tal forma que sea más fácil su extirpación mediante cirugía. La quimioterapia que se administra antes de la cirugía se llama terapia neoadyuvante.

También la quimioterapia se puede administrar después que el tumor se ha extirpado con cirugía según el resultado de la patología

Preservación de la vejiga: En casos muy seleccionados, la vejiga puede ser preservada mediante la resección transuretral del cáncer junto con la radioterapia y la quimioterapia.